
Historia
Saroléa fue una de las primeras marcas en producir motos en Europa. Su origen se remonta a un pequeño taller metalúrgico cerca de Lieja (Bélgica). En 1892 construyeron su primera bicicleta, y ya en 1900 lanzaron su primera moto monocilíndrica.
Con el paso del tiempo, la marca fue evolucionando en calidad y prestaciones, ganándose el respeto en el mundo del motociclismo. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial forzó el cierre temporal de sus puertas. Más adelante, en los años 50, Saroléa se fusionó con Gillet Herstal —otro fabricante belga de coches y motos— y finalmente, en los años 60, la marca cerró de forma definitiva.


¿Cómo logró éxito esta pequeña marca?
Saroléa debe su esplendor a los hijos del fundador. Ellos no solo se involucraron en la gestión, sino que también participaron activamente en competiciones de larga distancia. En aquella época, la fiabilidad de un motor era un valor altamente apreciado por la sociedad, y eso contribuyó enormemente a su popularidad.
La marca ofrecía diversas versiones: motores monocilíndricos de 2 tiempos, y bicilíndricos de 500 y 600cc de 4 tiempos, con una potencia que alcanzaba los 30CV. Esto les daba una excelente relación entre cilindrada y rendimiento. Un elemento muy característico fue la incorporación de sidecars, especialmente de origen inglés, que añadían exclusividad al conjunto. Gracias a esta combinación, Saroléa consiguió destacar en mercados exigentes como Inglaterra y su propio país, Bélgica.

¿Una Saroléa, hoy?
Es muy difícil ver una Saroléa circulando en la actualidad. Si aparece, suele ser una verdadera sorpresa: una pieza incunable, discreta y muy difícil de localizar. Lo más habitual es encontrarla acompañada de un bello sidecar, generalmente inglés, que resalta aún más su carácter clásico.
Su gran cilindrada y los pocos CV proporcionan una conducción suave a bajas revoluciones. Esto la hace ideal para paseos tranquilos con clase, donde el acompañante puede disfrutar del sidecar en todo su esplendor. Además, muchas de las unidades que sobreviven hoy han sido restauradas con esmero, lo que permite utilizarlas con total confianza en recorridos largos o eventos clásicos, siempre que se respeten las condiciones necesarias para circular con vehículos históricos, como las relacionadas con permisos, documentación y seguros adaptados a su naturaleza.

